Me siento afortunada

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Seis meses hace ya de este cambio de vida tan grande en el que estreno hasta estado civil. 

Y me siento afortunada.

Porque voy todos los días a trabajar a un lugar bonito, con cosas bonitas. Además lo he creado yo, y es mío. 

Porque tengo una hija que crece día a día a mi lado.

Porque en Nochebuena, hubo una mesa en la que me esperaban para cenar. 

Porque todas las noches tengo alguna amiga que me llama y me pregunta qué tal mi día.

Porque soy autónoma, y me he descubierto luchadora, independiente, y capaz.

Y porque yo soy la dueña y señora en mi jardín de amapolas.

(Foto de Ana Rodríguez Alonso)

 

 

 

 

 

 

puntobobo

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Resulta que llevo tiempo dando la lata a los míos diciendo que quiero abrir una tienda de lanas en Santander. 

Hace unos meses empecé a tomármelo un poco más en serio y poco a poco, he ido madurando la idea y ya por fin, puedo anunciar que mañana abre sus puertas puntobobo, un espacio para tejedores, de venta al detalle y con una cuidada selección de lanas y materiales para tejer.

puntobobo ofrecerá además una serie de servicios como son el asesoramiento sobre materiales y técnicas; formación a través de cursos y talleres específicos y puntuales; espacio de encuentro de aficionados a la lana, el tejer y los materiales de punto y ganchillo a través de reuniones, catas y tertulias.

La atención será personal y cuidada ofreciendo ayuda y consejo a quien lo necesite, intentando transmitir una sensación acogedora y de preocupación por el detalle.

Os espero a partir de mañana en la calle San José 16 de Santander con mucha, mucha ilusión en este proyecto.

Tú, en pasado

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Mi madre decía.

A mi madre le gustaba.

Mi madre cocinaba.

Mi madre solía ir.

Mi madre tejía.

Me he acostumbrado a hablar de ti en pasado. Aunque estás aquí, y puedo verte, darte un beso y decirte “hola, mamá”. Pero ésta, ya no es tu vida.

¿Sabes? He empezado a tejer un jersey, esta vez es para mi. A punto de arroz. 

Esta tarde lo llevo y te lo enseño. Aunque tú ya no me dices nada.

 

Vestido de ganchillo para mi rock start

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Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis años… y medio.

Recuerdo cuando tenía mi bebé y no quería que creciera. “Quiero mi bebé, para mí, que no crezca…”.

No sabía lo que estaba diciendo, no sabía la niña que me estaba esperando.

 

Empecé este vestido en una de nuestras tertulias laneras. Como siempre, con hilos de DMC Natura, y esta vez con dos hebras entremezcladas; azul y blanco.

 

Javier Sobrino y Ainara Bezanilla

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Hace meses, en uno de nuestros mercadillos, mi hija escogió del puesto de pequeña lo un pequeño búho de los que ella, con tanta delicadeza, ha creado. Los hace con diferentes telas (a cual más bonita) y siempre, siempre, sus búhos tienen los ojos cerrados. Pura dulzura.

Allí, en un ambiente en el que mi hija se desenvuelve muy bien, le preguntaron cómo lo llamaría. Con total espontaneidad dijo que sería Javier Sobrino, nombre de un profesor y  escritor cántabro, al que conoce en persona y del cual tenemos algún álbum ilustrado.

Días atrás, mi marido contactó con pequeña lo para encargarle un búho grande, un bonito cojín para un sofá de color beige. Dejó que fuera ella quien lo escogiera, sin decirle que era para mi.

La casualidad quiso que ella optara por esa misma tela, sin recordar que yo era la del sofá beige.

Al abrir el regalo, y ver que le habíamos traído una mamá a Javier Sobrino, pensamos en cómo llamarla, a lo que mi hija dijo; ¡pues Ainara Bezanilla! Y es que ella siempre será su librera favorita.

Y así fue cómo en mi sofá, estoy todos los días acompañada por Javier Sobrino y Ainara Bezanilla. Literatos nos han salido estos búhos…

Ana

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Ana es una persona dulce y buena, de esas que no pueden caerle mal a nadie.

Me encantó que me tocara en nuestro particular amigo invisible de lo hecho a mano, aunque no hubiera nacido en la nevada del 85.

Ella es la tía que todo niño quisiera tener.

 

Tres que se quieren

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Varias mudanzas en apenas mes y medio; volver a tener mis agujas en las manos; enfados y reconciliaciones; hacer recuento de lanas y telas; la pérdida de mi tío; disfrutar de unas amigas estupendas; superar poco a poco mis fobias; retomar aficiones abandonas; ilusionarme con nuevos proyectos; cambiar de zona, ver nuevas caras y adoptar nuevos hábitos; recuperar una tranquilidad perdida; tener esa amiga a la que contarle mis miserias; recibir este retrato de familia de Marta, de mis obsesiones de hoy; ver que aún sigues a mi lado y ¡quién sabe! a lo mejor, ese viajecito a París.

Si estuviera en mis manos

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Si estuviera en mis manos seguramente esta tarde hubiésemos ido a tomar un café juntas. A Pombo, que te encanta el de allí.

Si estuviera en mis manos, podrías haber ido hoy a buscar a Vega al cole, como hacen muchos abuelos. Hoy se ha enfadado con una amiga; estoy convencida de que sabrías escucharla, como siempre lo hacías conmigo.

Si estuviera en mis manos, me acompañarías a darme tu opinión sobre ese abrigo que he visto y que tanto me gusta. Seguro que me lo acababas comprando tú, te conozco.

Si estuviera en mis manos, vendrías conmigo a las tertulias laneras a tejer a la velocidad que solo a ti he visto. Merendarías con las chicas y acabarías llevando tú algo alguna tarde, aunque te guste tan poco la cocina.

Si estuviera en mis manos, quedaríamos las tardes de fútbol para hacer nuestros planes de chicas. ¡Cuantas tardes de domingo habremos pasado juntas!

Si estuviera en mis manos, nos daríamos esos paseos que nos hacíamos tú y yo por Reina Victoria hasta el Sardinero. O iríamos al centro, a mirar escaparates. Ya sabes, “salir sin rumbo”.

Ahora solo puedo hacer lo que está en mis manos, que no es nada de eso, sino buscar lo mejor para ti, cuidarte y mimarte. Antes he ido a visitarte y hoy no me has sonreído como en días atrás, hoy no sé si me has conocido, mamá.

 

The beauty of simplicity

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Antes de que se acabe el mes de agosto y vuelva a mis rutinitas, os enseño este top que he hecho con un par de cuadros granny y el archiconocido algodón de DMC Natura.

¡Nos vemos!