Bueno, pues espero que este chal sea la última labor de invierno.
Ahora toca disfrutar de los algodones, las telas ligeras, los colores alegres, el ganchillito… Ahora toca disfrutar de la primavera.
Hace meses, en uno de nuestros mercadillos, mi hija escogió del puesto de pequeña lo un pequeño búho de los que ella, con tanta delicadeza, ha creado. Los hace con diferentes telas (a cual más bonita) y siempre, siempre, sus búhos tienen los ojos cerrados. Pura dulzura.
Allí, en un ambiente en el que mi hija se desenvuelve muy bien, le preguntaron cómo lo llamaría. Con total espontaneidad dijo que sería Javier Sobrino, nombre de un profesor y escritor cántabro, al que conoce en persona y del cual tenemos algún álbum ilustrado.
Días atrás, mi marido contactó con pequeña lo para encargarle un búho grande, un bonito cojín para un sofá de color beige. Dejó que fuera ella quien lo escogiera, sin decirle que era para mi.
La casualidad quiso que ella optara por esa misma tela, sin recordar que yo era la del sofá beige.
Al abrir el regalo, y ver que le habíamos traído una mamá a Javier Sobrino, pensamos en cómo llamarla, a lo que mi hija dijo; ¡pues Ainara Bezanilla! Y es que ella siempre será su librera favorita.
Y así fue cómo en mi sofá, estoy todos los días acompañada por Javier Sobrino y Ainara Bezanilla. Literatos nos han salido estos búhos…
Varias mudanzas en apenas mes y medio; volver a tener mis agujas en las manos; enfados y reconciliaciones; hacer recuento de lanas y telas; la pérdida de mi tío; disfrutar de unas amigas estupendas; superar poco a poco mis fobias; retomar aficiones abandonas; ilusionarme con nuevos proyectos; cambiar de zona, ver nuevas caras y adoptar nuevos hábitos; recuperar una tranquilidad perdida; tener esa amiga a la que contarle mis miserias; recibir este retrato de familia de Marta, de mis obsesiones de hoy; ver que aún sigues a mi lado y ¡quién sabe! a lo mejor, ese viajecito a París.
Si estuviera en mis manos seguramente esta tarde hubiésemos ido a tomar un café juntas. A Pombo, que te encanta el de allí.
Si estuviera en mis manos, podrías haber ido hoy a buscar a Vega al cole, como hacen muchos abuelos. Hoy se ha enfadado con una amiga; estoy convencida de que sabrías escucharla, como siempre lo hacías conmigo.
Si estuviera en mis manos, me acompañarías a darme tu opinión sobre ese abrigo que he visto y que tanto me gusta. Seguro que me lo acababas comprando tú, te conozco.
Si estuviera en mis manos, vendrías conmigo a las tertulias laneras a tejer a la velocidad que solo a ti he visto. Merendarías con las chicas y acabarías llevando tú algo alguna tarde, aunque te guste tan poco la cocina.
Si estuviera en mis manos, quedaríamos las tardes de fútbol para hacer nuestros planes de chicas. ¡Cuantas tardes de domingo habremos pasado juntas!
Si estuviera en mis manos, nos daríamos esos paseos que nos hacíamos tú y yo por Reina Victoria hasta el Sardinero. O iríamos al centro, a mirar escaparates. Ya sabes, “salir sin rumbo”.
Ahora solo puedo hacer lo que está en mis manos, que no es nada de eso, sino buscar lo mejor para ti, cuidarte y mimarte. Antes he ido a visitarte y hoy no me has sonreído como en días atrás, hoy no sé si me has conocido, mamá.
Por fin el sol, los días largos, los paseos en bici, los conciertos en la calle…
Y esa pequeña felicidad matutina por no tener que buscar camiseta, camisa, chaqueta, chaquetón, bufanda, gorro, calcetines, botas, paraguas.
Un vestido, unas sandalias, ¡y a la calle!
En una de nuestras tertulias laneras empecé con estos cuadritos que ya utilicé también en este vestido. El algodón, como siempre, es Natura de DMC. Después, con tela que me había sobrado de este otro, me fui a mi clase de costura y Susana, en un momento, le dio unas vueltas a la tela para que quedase a mi gusto. Le dimos por debajo una forma más bien redondeada, más largo por detrás que por delante.
Y así esta mañana, mi hija saltaba a la comba con su vestido nuevo, hecho con restos.
En colaboración con ALFA, inauguro un apartado en el blog, con unos tutoriales dirigidos a todas aquéllas que os acabáis de comprar vuestra ALFA Next 20, Next 30 o Next 40 y queréis ponerla a trabajar a destajo pero pensáis que no vais a pasar de coser unos cojines, que es lo primero que hacemos todas cuando nos la compramos.
Todos serán proyectos muy sencillos con los que poco a poco, irás perdiendo el miedo a la máquina de coser, te irás familiarizando con ella, y te acabarás lanzando a trabajos mayores riéndote de estos tutoriales “para principiantes”.
Cuando yo compré mi ALFA (perdón, cuando me la trajeron los Reyes), mi marido pensaba que la utilizaría para cuatro tonterías. Hoy puedo decir que la uso prácticamente a diario, que empecé por cosas pequeñas y resultonas y ahora le hago ropita a mi hija e incluso a mí misma.
Es muy grande el mundo que se te abre cuando aprendes a coser y muy poco lo que puedes perder por el camino. Como dice mi amiga la inglesita, si algo no te sale, no habrás perdido más que un trozo de tela.
Bueno, pues aquí os dejo el enlace a mi primer tutorial.
Es todo un placer que alguien hable (bien) de ti, de tu blog, de tus trabajos… Pero si además lo hace la gente de Mi Petit Madrid, eso es una alegría inmensa.
El viernes me desperté con esta entrada suya y la sonrisa en la cara me quedó para todo el fin de semana.
Mi felicidad fue mayor al encontrarme con esta ilustración encabezando el texto; ¡no podían haberlo hecho mejor! es tan…. ¡nosotras! Me rechifló. Tanto, que me puse en contacto con María, la ilustradora, para comprársela y felicitarla por su trabajo. Podéis conocerla en su blog.
Y es que aunque la vida te trate un poquito mal por un lado, por otro te sorprende con pequeñas recompensas.